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¿Estamos enseñando a hacer buenas preguntas?

Durante décadas la escuela puso el foco en que los estudiantes aprendieran a responder correctamente. Sin embargo, en una época donde la información está al alcance de un clic y la inteligencia artificial responde en segundos, formular buenas preguntas se está convirtiendo en una de las competencias más valiosas para aprender, investigar e innovar.

Durante mucho tiempo, el éxito escolar estuvo asociado a una idea bastante clara: quien sabía las respuestas obtenía mejores calificaciones. Pero el escenario cambió. Hoy cualquier estudiante puede acceder en pocos segundos a una enorme cantidad de información o pedirle a una inteligencia artificial que explique un concepto, resuelva un ejercicio o redacte un texto.

En este contexto, la verdadera diferencia ya no está solamente en encontrar respuestas, sino en saber formular las preguntas adecuadas.

Cada vez más especialistas sostienen que enseñar a preguntar será una de las habilidades más importantes del siglo XXI. Una buena pregunta despierta la curiosidad, orienta la búsqueda de información, estimula el pensamiento crítico y permite construir aprendizajes mucho más profundos.

Las preguntas son el motor del aprendizaje

Toda investigación comienza con una pregunta.

También lo hacen los grandes descubrimientos científicos, los avances tecnológicos y muchas de las innovaciones que transforman la sociedad.

Sin embargo, a medida que los estudiantes avanzan en su escolaridad, suele ocurrir un fenómeno paradójico: hacen cada vez menos preguntas.

Diversos estudios muestran que los niños pequeños son naturalmente curiosos y pueden formular cientos de preguntas por semana. Con el paso de los años, muchos dejan de hacerlo porque sienten que equivocarse está mal, que preguntar interrumpe la clase o que lo importante es responder correctamente lo que el docente plantea.

Recuperar esa curiosidad es uno de los grandes desafíos de la educación actual.

No todas las preguntas generan el mismo aprendizaje

Existen preguntas que solo buscan recordar un dato.

Por ejemplo:

  • ¿En qué año se declaró la Independencia argentina?
  • ¿Cuál es la capital de Canadá?

Son preguntas necesarias, pero tienen un alcance limitado.

En cambio, otras invitan a analizar, comparar, argumentar o imaginar nuevas posibilidades.

Por ejemplo:

  • ¿Por qué distintos países alcanzaron su independencia en momentos diferentes?
  • ¿Qué habría cambiado si un determinado hecho histórico no hubiera ocurrido?
  • ¿Cómo resolverías este problema si tuvieras recursos limitados?

Este tipo de interrogantes obliga a conectar conocimientos, elaborar hipótesis y construir respuestas propias.

Una habilidad cada vez más importante en tiempos de inteligencia artificial

La irrupción de herramientas como ChatGPT, Gemini o Copilot volvió aún más evidente la importancia de formular buenas preguntas.

La calidad de la respuesta depende, en gran medida, de la calidad de la consigna.

Un pedido ambiguo suele generar respuestas superficiales. En cambio, cuando la pregunta es específica, contextualizada y plantea un objetivo claro, los resultados mejoran notablemente.

Por eso, muchos especialistas consideran que aprender a diseñar buenas preguntas —lo que en el mundo tecnológico se conoce como prompting— será una competencia transversal para estudiantes, docentes y profesionales de cualquier disciplina.

Pero esta capacidad va mucho más allá de saber interactuar con una IA: implica aprender a pensar con claridad.

Cómo puede fomentarse en el aula

Enseñar a preguntar requiere generar espacios donde la curiosidad tenga lugar.

Algunas estrategias sencillas son:

  • dedicar algunos minutos para que los estudiantes elaboren preguntas antes de comenzar un tema;
  • valorar tanto las buenas preguntas como las respuestas correctas;
  • utilizar rutinas de pensamiento visible que inviten a observar, interpretar y cuestionar;
  • trabajar con problemas abiertos que admitan distintas soluciones;
  • permitir que los alumnos investiguen cuestiones surgidas de su propio interés.

Una metodología ampliamente utilizada es la Question Formulation Technique (QFT), desarrollada por el Right Question Institute. Esta propone que los estudiantes produzcan la mayor cantidad posible de preguntas sobre un tema, las clasifiquen, las mejoren y finalmente seleccionen cuáles serán el punto de partida para una investigación.

Docentes que también preguntan

Las preguntas del docente también influyen en la calidad del aprendizaje.

Cuando predominan las preguntas cuya única finalidad es comprobar si el estudiante memorizó un contenido, las oportunidades para desarrollar el pensamiento crítico disminuyen.

En cambio, cuando el profesor plantea interrogantes que invitan a justificar ideas, establecer relaciones, defender distintos puntos de vista o analizar situaciones reales, los estudiantes participan de manera más activa y construyen conocimientos más sólidos.

Muchas veces, una sola pregunta bien formulada puede generar una discusión más rica que una explicación de varios minutos.

Una competencia para toda la vida

El mundo laboral ya no demanda únicamente personas que acumulen información. Necesita profesionales capaces de identificar problemas, analizar situaciones complejas y encontrar soluciones originales.

Todas esas habilidades comienzan con una pregunta.

Preguntar permite investigar, innovar, tomar mejores decisiones y adaptarse a contextos cambiantes. También ayuda a desarrollar una actitud de aprendizaje permanente, indispensable en una sociedad donde el conocimiento se renueva constantemente.

Quizá el mayor desafío para la escuela no sea enseñar todas las respuestas, sino ayudar a que cada estudiante aprenda a formular preguntas cada vez más inteligentes. Porque, al fin y al cabo, las respuestas cambian con el tiempo; las buenas preguntas son las que siguen abriendo nuevos caminos para aprender.