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Escuelas generativas, el modelo innovador de San Luis para acabar con la deserción escolar

Hacer de la escuela una elección de vida y no una obligación es lo que está logrando el modelo educativo de la provincia de San Luis que cumple tres años creando instituciones educativas públicas, gratuitas e inclusivas, que funcionan en espacios no tradicionales.

Las Escuelas Generativas, cuyo nombre se eligió en alusión a la corriente artística, son instituciones que apuestan por un nuevo diseño de espacio físico y nuevos modos de interacción social y uso del tiempo, atravesados por un eje de activación que define la impronta de cada institución.

 “El proyecto surgió de idea del gobernador específicamente en un club, el Victoria, que es el más viejo de la ciudad de San Luis. Este club estaba venido a menos y se les ocurrió armar una escuela ahí, con otra lógica. Es un modelo de escuelas que se conforma a través de un proyecto de gestión social”, empezó contando Paulina Calderón, ministra de Educación de San Luis, en entrevista con el medio.

“El arte generativo es una teoría que dice que se empieza en un punto y no se sabe dónde termina. Los niños son ese punto a partir del cual se puede construir una obra de arte. Es dejar esa libertad para que el niño pueda explorar todas sus potencialidades y la escuela tiene esa riqueza”, continuó diciendo la ministra, quien recientemente pasó por el Foro Latinoamericano de Educación organizado por Fundación Santillana, donde contó sobre el proyecto.

Un modelo inédito

En septiembre de 2016 se lanzó la primera escuela y se transformó en un modelo único en el país. “Muchas de las escuelas comenzaron funcionando en clubes, otras se conformaron en asociaciones civiles que en algunos casos le hemos prestado algún edificio escolar rural viejo, de la provincia o hemos readaptado espacios”, explicó Calderón.

Actualmente hay 24 escuelas urbanas y 69 rurales activas en distintas orientaciones: deportes, medio ambiente, agro, robótica e informática, comunicación, danza, entre otras: “Al ser grupo de 20 cada un docente en una escuela que no supera los 150 alumnos, algunos docentes hacen de tutores en toda su trayectoria escolar. Eso les da una pertenencia y un sentido interesante al proyecto. Este año empezaron a hacer más ruido las propias escuelas, nos están invitando, preguntando, y empieza a ser un modelo interesante para replicar. De igual manera hay muchas provincias haciendo cosas innovadoras, como por ejemplo Misiones con el aula invertida y la escuela de Robótica”.

Consultada acerca de cómo fue el proceso de crear un modelo educativo tan disruptivo, la ministra relató: “Al principio hubo un poco de resistencia, pero luego fue legitimándose en el día a día. Las escuelas dieron una buena oportunidad a chicos que habían de alguna manera fracasado en el sistema o directamente lo habían abandonado. Muchos chicos encontraron en esta propuesta una oportunidad de terminar el secundario. También hay nivel primario, pero no nivel inicial porque requiere una infraestructura muy particular”.

El estudiante como centro

El paradigma de las escuelas generativas se basa en la libertad y en tomar al estudiante como centro reconociendo quiénes son, cómo aprenden, cuáles son sus intereses, sus debilidades y fortalezas, sus entornos culturales y sociales. “Desde el modelo de gestión social, que es un modelo metodológico distinto al tradicional, se trabaja por proyecto, las materias están interrelacionadas e integradas, se definen los perfiles en base a un eje. Si el eje de la escuela va a ser el deporte porque está funcionando en un club, por ejemplo, la orientación del secundario es en educación física y todas las materias tienen que ver con ese eje transversal”, explicó Calderón.

Según cuenta la titular de la cartera productiva, cada escuela arma su propio proyecto según el contexto en el cual se desarrolla, no hay un modelo único: “Son en general escuelas no graduadas, que trabajan con materias interrelacionadas, que trabajan por proyectos, a su vez cuentan con la posibilidad de un fondo mínimo que les damos por niño. Con ese fondo contratan talleristas, le dan la copa de leche a los chicos. Esta posibilidad de administrar un fondo les permite llevar a cabo el proyecto innovador”.

Las escuelas generativas nacieron de cero y muchas de ellas funcionan en clubes. El mismo proyecto establece qué tipo de mobiliario es el más adecuado para trabajar: “La escuela funciona en la cancha por la mañana, al mediodía los chicos guardan las cosas, muchos se quedan en el club por la tarde. Esto le da mucha vida nuevamente a los clubes que habían dejado de existir. La escuela le suma al club y el club a la escuela. Ha sido una buena alianza porque a la vez los chicos no eran socios y ahora los domingos van a la cancha, usan la camiseta del club que es su uniforme”, contó Calderón.

Otro aspecto de valor del proyecto es que es una oportunidad para llevar el secundario a la ruralidad y disminuir la deserción escolar. “Nuestra provincia es chica, la mitad de las escuelas están en la ruralidad. Para garantizar el secundario lo que se viene haciendo desde el 2006 hasta la fecha, que es cuando surgió la Ley, es trasladar los chicos hacia un centro más urbano. Pagamos transporte rural de un lado a otro. Muchos viajan y sostener eso durante 6 años es la principal causa de la deserción escolar en el nivel secundario”.

Por último, Calderón explicó que una de las deudas pendientes para seguir trabajando es la formación docente. “Poder incentivarlos y tener esa vigilancia de que no pierdan la innovación, de hacer cosas distintas. No es fácil trabajar sin aulas, trabajar con grupos heterogéneos que ni siquiera están distribuidos por edades, los chicos se mezclan en distintos proyectos”.

Imagen: Escuelas generativas

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