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El tiempo del directivo: un recurso escaso y no renovable

Clasificar las actividades considerando su importancia y urgencia puede resultar un ejercicio muy útil al momento de planificar y organizar la agenda de trabajo. No todas las actividades importantes son urgentes, ni todas las urgentes son importantes.

Por Pedro León Vivas. Magíster en Educación Superior-Universidad de Barcelona

 

Diversas son las funciones y las responsabilidades que deben asumir quienes desempeñan cargos directivos en las instituciones educativas. Se espera que se ocupen de la planificación y la marcha del proyecto institucional en sus diversas dimensiones (pedagógica, organizacional, administrativa y comunitaria), que impulsen mejoras en la calidad, que atiendan las demandas y exigencias de los órganos de control, que establezcan un buen clima interno y un fluido diálogo con docentes, personal administrativo, estudiantes y familiares, entre otras actividades. Además, ¡se espera que todo eso lo realicen casi simultáneamente!

Por otra parte, las urgencias absorben el día a día. ¿Cuándo hay tiempo para las tareas sustantivas? ¿Cuándo para dedicarnos al trabajo con los docentes, a introducir innovaciones, a desarrollar equipos de trabajo? ¿Cuánto tiempo destinamos a tareas administrativas? ¿Estamos trabajando por el desarrollo de la institución y del proyecto educativo o simplemente sentimos que corremos detrás de la pelota, dejando para los tiempos libres lo sustantivo de la gestión?

La cuestión es: ¿qué hacen con su tiempo los directivos de las instituciones educativas? Poco se ha estudiado la manera en que los líderes escolares utilizan su tiempo: recurso cada vez más efímero, que se consume más rápido, que avanza imperturbable e implacablemente, que no es renovable y que poco (o mejor dicho nada) podemos hacer al respecto. Trabajar más horas no es la respuesta apropiada. No por trabajar más vamos a realizar un mejor trabajo. Por el contrario, trabajar más es un claro síntoma de una inadecuada gestión del tiempo. Quejarnos de que es escaso y que cada vez alcanza menos, es inútil y muchas veces representa una expresión de pasiva impotencia.

Por lo tanto, resulta necesario analizar con rigor cómo el directivo emplea su tiempo y la calidad con que lo administra.

Lo urgente no deja tiempo para lo importante

Clasificar las actividades considerando su importancia y urgencia puede resultar un ejercicio muy útil al momento de planificar y organizar la agenda de trabajo. No todas las actividades importantes son urgentes, ni todas las urgentes son importantes.

Las tareas importantes están vinculadas con los objetivos principales y tienen un impacto directo sobre las funciones sustantivas de una institución educativa. Definir cuáles son las tareas importantes tiene un prerrequisito, tener absoluta claridad en cuanto a los fines perseguidos. Esta definición colaborará en separar la paja del trigo, establecer prioridades y enfocar la gestión.

Las actividades urgentes son aquellas que reclaman la atención y acción inmediata. Éstas invitan a calzarnos el traje de bombero y saltar de aquí para allá apagando incendios. Si bien muchas veces es necesario ejercer este rol (en tareas que son, al mismo tiempo, urgentes e importantes), puede resultar una trampa y hacernos creer que la accionitis (la acción desenfrenada sin objetivos claros) es sinónimo de una buena gestión. Hay que reconocer que a todo directivo le resulta placentera la sensación de estar en acción, sin embargo, ésta puede resultar embriagadora y hacernos perder de vista el norte con un alto costo de oportunidad en el camino.

La clave del desarrollo de la gestión directiva pasa por las actividades importantes pero no urgentes: una adecuada planificación, la conformación y apoyo a los equipos docentes, la reflexión en la acción, el establecimiento de relaciones con la comunidad, entre otras. Éstas harán que, con el paso del tiempo, las urgencias se vean sustancialmente reducidas. Sin embargo, al no ser tareas urgentes, no reciben la debida atención.

Todo lo dicho, acompañado de una adecuada delegación puede contribuir a elevar los niveles de calidad de la labor directiva.

Tareas ricas vs. tareas pobres: esa es la cuestión

El presente es el futuro en su estado más creativo, señala Irene Sanders1. El mensaje está claro: lo que hagamos hoy, cómo usemos el tiempo disponible, influirá en los resultados de mañana. Por lo tanto, éste debe ser gestionado y gestionado bien. Se trata de un recurso escaso, inelástico, no renovable y altamente costoso. Esta habilidad directiva puede desarrollarse y debe ejercitarse, los beneficios esperados son significativos. Requiere de reflexión, claridad en los objetivos, una planificación de acuerdo a prioridades, disciplina y, muchas veces, necesita de la presencia de un no, oportuno, respetuoso y fundamentado.

Analizar sistemáticamente el modo en que los directivos de las instituciones educativas emplean su tiempo puede contribuir a un mejoramiento de su desempeño. Permitirá conectar las actividades diarias con los objetivos más relevantes del proyecto institucional y dedicarse a alimentar las tareas educativamente ricas, aquellas que promueven una mejora en la calidad de la enseñanza y a poner en su real dimensión las tareas educativamente pobres.

Referencias
1
Levy, A. (2007). ECP Estrategia, Cognición y Poder. Buenos Aires: Granica.

Lee este artículo en la edición N°19 de Aptus Propuestas Educativas: www.aptus.com.ar/revista/

Imagen: sxc.hu

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