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Crianza y autonomía: ¿estamos criando chicos frágiles?

La intención es proteger. El efecto, a veces, es limitar. En los últimos años creció una tendencia a la sobreprotección que impacta en la autonomía, la tolerancia a la frustración y, también, en el desempeño escolar. ¿Dónde está el equilibrio?

Más cuidado, menos margen de error

Nadie duda de que la crianza actual es más consciente que hace décadas. Hay más información, más presencia adulta y mayor sensibilidad frente a las emociones infantiles.

El problema aparece cuando el acompañamiento se transforma en intervención permanente: resolver conflictos que podrían resolver solos, anticiparse a cualquier dificultad o evitar que enfrenten frustraciones mínimas.

El mensaje implícito —aunque no intencional— es potente: “sin mí, no podés”.


La frustración como entrenamiento

Aprender implica equivocarse. Tolerar un error, esperar un turno, estudiar para mejorar una nota o sostener un desafío difícil son ejercicios cotidianos de construcción de resiliencia.

Cuando los adultos eliminan sistemáticamente los obstáculos, los chicos pierden oportunidades de entrenar habilidades clave:

  • Autorregulación emocional

  • Persistencia ante la dificultad

  • Organización del tiempo

  • Resolución de problemas

En el aula, esto se traduce en baja tolerancia al error, ansiedad ante la evaluación y abandono rápido frente a tareas complejas.


¿Qué cambió en el entorno?

Hay al menos tres factores que explican el fenómeno:

1. Cultura de la inmediatez.
Las pantallas ofrecen gratificación instantánea. Esperar, esforzarse o postergar recompensa resulta cada vez más desafiante.

2. Miedo social amplificado.
La percepción de riesgo es mayor que décadas atrás, incluso cuando muchos indicadores objetivos no lo justifican en la misma proporción.

3. Crianza intensiva.
La idea de que “todo depende de lo que haga hoy como padre o madre” genera presión y reduce el margen para que los chicos experimenten por sí mismos.


Autonomía no es abandono

Promover autonomía no significa desentenderse. Significa acompañar sin invadir.

Algunas prácticas concretas:

✔ Asignar responsabilidades acordes a la edad (ordenar, organizar mochila, administrar tareas).
✔ Permitir que enfrenten consecuencias naturales cuando sea seguro hacerlo.
✔ Fomentar la toma de decisiones progresiva.
✔ Evitar intervenir de inmediato ante cada conflicto escolar.

El adulto sigue siendo referencia y sostén, pero no reemplaza la experiencia.


Impacto en el aprendizaje

Docentes de distintos niveles coinciden en un punto: crece la dificultad para sostener el esfuerzo prolongado. No es falta de capacidad, sino de entrenamiento en la perseverancia.

La autonomía está directamente vinculada con el rendimiento académico. Un estudiante que organiza su tiempo, pide ayuda cuando la necesita y tolera el error tiene más probabilidades de aprender mejor.


El equilibrio necesario

Criar no es preparar un camino sin piedras. Es enseñar a caminar sobre ellas.

La autonomía no se construye de un día para otro, sino con pequeñas decisiones cotidianas donde el adulto elige correrse un paso. No para dejar solo, sino para permitir crecer.

La pregunta no es si debemos cuidar —eso es indiscutible—, sino cómo cuidar sin impedir que desarrollen fortaleza. Porque tarde o temprano, el mundo va a exigirles independencia. Y conviene que la practiquen en casa antes que fuera de ella.