“No me gusta leer” es una frase que puede aparecer tanto en el aula como en casa. Sin embargo, no siempre expresa un rechazo a cualquier lectura. A veces, el libro propuesto no despierta interés; otras, leer exige un esfuerzo que vuelve difícil disfrutar de la historia. También puede ocurrir que la lectura esté asociada únicamente con tareas, cuestionarios y evaluaciones.
Antes de insistir con un título, conviene indagar qué hay detrás de esa respuesta. ¿El chico se aburre? ¿Le cuesta comprender? ¿Prefiere otro tema o formato? Escuchar permite acompañar con propuestas más adecuadas y evitar que cada acercamiento a un libro se convierta en una discusión.
La Feria Internacional del Libro de Rosario, que se realizará del 8 al 18 de octubre en el Cultural Fontanarrosa, brinda una ocasión para explorar opciones junto a los chicos. El recorrido puede comenzar con una invitación sencilla: buscar algo que les dé curiosidad.
Elegir también forma parte de aprender a leer
Los adultos suelen seleccionar libros por su valor literario, su extensión o la edad sugerida. Esos criterios orientan, pero también importa lo que despierta interés en cada lector.
Un chico puede sentirse atraído por los animales, el fútbol, los misterios, el humor o los experimentos. Las historietas, los libros informativos y las novelas gráficas también ofrecen oportunidades de lectura. Darles lugar amplía las posibilidades de encontrar una puerta de entrada.
En la escuela, esa libertad puede convivir con las lecturas compartidas que propone el docente. Una biblioteca de aula variada, momentos para explorar y recomendaciones entre compañeros permiten que los estudiantes participen en la elección.
Acompañar sin convertir cada página en un examen
Compartir una lectura no requiere preguntar constantemente qué ocurrió o pedir un resumen al terminar. También se puede conversar sobre una escena divertida, observar una ilustración o comentar qué personaje generó curiosidad.
La lectura en voz alta ofrece otra forma de encuentro, incluso cuando los chicos ya pueden leer solos. El adulto puede prestar su voz, alternar fragmentos o leer mientras el niño sigue el texto. Ese acompañamiento permite compartir historias sin que todo el esfuerzo recaiga sobre quien está aprendiendo.
Tampoco hace falta terminar siempre un libro. Si una propuesta no funciona, cambiar de título puede ser una decisión válida. La continuidad del vínculo con la lectura importa más que completar cada ejemplar elegido.
Cuando el problema no es el interés
Si leer resulta muy trabajoso, ofrecer un tema atractivo puede ayudar, pero quizá no sea suficiente. Cuando aparecen dificultades persistentes para reconocer palabras o comprender textos, conviene conversar con el docente y acordar cómo acompañarlas.
Distinguir entre desinterés y dificultad evita interpretar como falta de voluntad algo que necesita enseñanza y apoyo. También ayuda a elegir textos accesibles, sin infantilizar al lector ni exponerlo a comparaciones.
Una visita a la feria con espacio para descubrir
Para las familias y las escuelas, recorrer una feria puede ser mucho más que comprar un libro. Mirar tapas, hojear ejemplares, escuchar recomendaciones y conocer editoriales permite descubrir la variedad de propuestas disponibles.
Antes de la visita, se pueden conversar intereses y preparar preguntas. Durante el recorrido, conviene dejar tiempo para explorar. Después, cada chico puede compartir qué encontró y por qué le llamó la atención, aunque no haya realizado una compra.
Encontrar un libro que atrape no siempre ocurre en el primer intento. Acompañar esa búsqueda con paciencia, opciones y escucha permite que la lectura gane un lugar propio en la vida cotidiana.





