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Ciencias Biológicas: Las ballenas con secretos de vida

Según estudios encabezados por la Universidad de Stanford, estos animales pueden ayudar a los océanos a absorber CO2.

Los cetáceos de grandes dimensiones, como las ballenas azules y las ballenas jorobadas, comen el triple respecto de lo que se creía hasta ahora, y sin embargo su presencia enriquece el ecosistema marino en lugar de empobrecerlo.

La convicción surge a partir de una serie de mediciones cruzadas efectuadas por primera vez sobre más de 300 ejemplares con ayuda de drones, GPS y ultrasonido, por un equipo internacional encabezado por la Universidad de Stanford.

La investigación fue publicada en la revista especializada Nature y demuestra que estos gigantes del océano desempeñan un papel más importante de lo previsto en el reciclado de los nutrientes, respaldando la presencia de fitoplancton y krill.

A tal punto que mediante la repoblación se podría ayudar a los océanos a absorber el anhídrido carbónico atmosférico, mitigando los efectos del cambio climático.

Según el análisis de los investigadores, los grandes cetáceos consumen en promedio una cantidad de alimento comprendida entre el 5 y el 30% de su masa corporal.

Una ballena jorobada del Pacífico septentrional, por ejemplo, come en promedio 16 toneladas de krill al día, mientras una ballena franca noratlántica ingiere cinco toneladas de zooplancton.

Estas estimaciones son tres veces más altas respecto de las precedentes, deducidas del análisis de ballenas muertas o el consumo de animales más pequeños.

Los grandes cetáceos, por lo tanto, pueden ser considerados enormes “establecimientos móviles” para el procesamiento de nutrientes.

Por sus dimensiones, los investigadores los comparan con aviones Boeing 737 que, después de haber comido, eliminan excrementos fertilizando el mar con hierro y otros elementos útiles para el fitoplancton, que a su vez mediante la fotosíntesis puede absorber anhídrido carbónico.

Con estos nuevos datos, los investigadores calculan que a principios del siglo XX -antes de que la caza de ballenas causara la desaparición de millones de ejemplares- estos animales “probablemente contribuían a la productividad global y a la remoción del carbono al igual que los bosques en continentes enteros”.

Así lo explicó Nicholas Pyenson, curador del Museo de Historia Natural del Smithsonian.

Ayudar a su repoblamiento puede ser, por lo tanto, “una solución natural para el problema climático”, incluso si podrían hacer falta décadas para que se vean los efectos.

Fuente: ANSA

 

 

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