El recambio marca el inicio de una nueva etapa para una organización que, en menos de una década, se consolidó como una referencia central en el debate educativo argentino, especialmente por su producción de datos y su capacidad de articulación entre actores diversos.
Un ciclo que deja huella
Ibarzábal estuvo al frente de la organización desde sus inicios y fue una pieza clave en su crecimiento y posicionamiento. Bajo su liderazgo, Argentinos por la Educación no solo ganó visibilidad, sino que logró incidir en temas estratégicos del sistema educativo.
Entre los principales aportes de este período se destacan:
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La promoción del regreso a las aulas durante la pandemia.
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El seguimiento del cumplimiento de los días y horas de clase obligatorios.
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El fortalecimiento de los sistemas de información educativa.
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La instalación de la alfabetización inicial como prioridad en la agenda pública.
A través de informes, campañas y acuerdos multisectoriales, la organización se convirtió en un espacio de encuentro para exministros, especialistas, dirigentes y organizaciones de la sociedad civil.
Iniciativas como el Acuerdo por la Educación y la Campaña Nacional por la Alfabetización reflejan esa capacidad de articulación. También lo hacen redes impulsadas desde la institución, como la Red de ONGs por la Educación, la Red de Familias por la Educación y la Red Federal de Política Educativa.
“El corazón de Argentinos por la Educación es una gran comunidad que trabaja con un solo propósito: que los chicos aprendan más”, expresó Ibarzábal. Y, con la franqueza de quien sabe que el trabajo está lejos de terminar, agregó: “Hemos avanzado mucho, pero queda mucho por delante”.
Un liderazgo con ADN de datos
El nuevo director ejecutivo, Víctor Volman, no es un nombre ajeno a la organización. Formó parte del equipo desde el inicio y hasta ahora lideraba el Observatorio, el área encargada de la producción y análisis de datos educativos.
Doctor en Educación, con experiencia en el sector público, organismos internacionales, la academia y la sociedad civil, Volman se consolidó como una de las voces más reconocidas en el análisis de evidencia para el diseño de políticas públicas.
Su designación no implica un cambio de rumbo, sino más bien una profundización del enfoque: más datos, más evidencia y más trabajo colaborativo.
“Es un honor y una enorme responsabilidad asumir este rol”, señaló. Y dejó en claro cuál será el eje de su gestión: “La mejora de la educación es un desafío colectivo”.
Proyección regional y continuidad del trabajo
Tras su salida, Ibarzábal iniciará una nueva etapa con foco en América Latina, en línea con la proyección regional que su trabajo ya venía teniendo. Durante su gestión impulsó iniciativas como Latinoamericanos por la Educación y el Movimiento por la Comprensión Lectora, ampliando el alcance de las discusiones más allá de las fronteras argentinas.
Desde la organización destacaron que continuará vinculado a los desafíos futuros, aportando su experiencia en el desarrollo del modelo de impacto que caracteriza a la institución.
Lo que viene: consolidar y escalar
El cambio de liderazgo no implica una ruptura, sino una transición planificada. La organización buscará consolidar sus ejes de trabajo —producción de evidencia, generación de consensos e impulso de campañas públicas—, pero con un objetivo claro: aumentar su impacto.
En un contexto donde la educación vuelve a ocupar un lugar central en la agenda pública, el desafío no es menor. Requiere sostener el foco, ampliar acuerdos y, sobre todo, traducir diagnósticos en mejoras concretas.
Porque si algo dejó claro esta transición es que, en educación, los nombres cambian, pero la urgencia sigue intacta. Y el objetivo —que los chicos y chicas aprendan más— no admite pausas.





