Hace apenas dos décadas, la mayor parte de las lecturas escolares se realizaban en libros, cuadernos y fotocopias. Hoy, en cambio, estudiantes de todas las edades alternan entre textos impresos, computadoras, tablets y teléfonos celulares.
Esta transformación abrió una pregunta que investigadores de todo el mundo intentan responder desde hace años: ¿el soporte modifica la comprensión lectora?
La evidencia acumulada sugiere que sí, aunque la respuesta está lejos de ser absoluta.
Qué muestran las investigaciones
Diversos estudios y metaanálisis realizados durante la última década encontraron que, en promedio, los lectores obtienen mejores resultados de comprensión cuando leen textos impresos que cuando leen esos mismos textos en una pantalla.
La diferencia suele aparecer especialmente cuando los textos son largos, requieren interpretar información compleja o demandan una lectura atenta y reflexiva.
En cambio, cuando se trata de textos breves, búsquedas rápidas de información o lecturas recreativas, las diferencias entre ambos soportes tienden a reducirse.
¿Por qué ocurre?
Los investigadores proponen varias explicaciones.
Una de ellas es que el papel facilita la construcción de un “mapa mental” del texto. Recordar que una idea aparecía al comienzo de una página o cerca de una ilustración ayuda a organizar la información y recuperarla posteriormente.
Además, el libro impreso ofrece menos distracciones. Mientras se lee un texto en papel, no aparecen notificaciones, enlaces, ventanas emergentes ni otras aplicaciones compitiendo por la atención.
En los dispositivos digitales, en cambio, mantener la concentración suele requerir un mayor esfuerzo.
No todas las pantallas son iguales
Leer un cuento en un lector de libros electrónicos no implica la misma experiencia que hacerlo desde un teléfono celular mientras llegan mensajes constantemente.
El tamaño de la pantalla, la calidad del dispositivo, la posibilidad de tomar notas, el brillo y, sobre todo, las interrupciones influyen en la comprensión.
Por eso, los especialistas advierten que no conviene hablar de “lectura en pantalla” como si fuera una única experiencia.
También importa cómo leemos
Otro aspecto señalado por la investigación es que muchas personas adoptan estrategias distintas según el soporte.
En papel es más frecuente realizar una lectura pausada, releer párrafos, subrayar y detenerse a reflexionar.
En cambio, frente a una pantalla solemos desplazarnos rápidamente, escanear el contenido y buscar información puntual, hábitos muy útiles para ciertas tareas, pero menos efectivos cuando el objetivo es comprender en profundidad.
¿Significa que hay que abandonar las pantallas?
No.
Las tecnologías digitales ofrecen enormes ventajas para el aprendizaje. Permiten acceder a una cantidad prácticamente ilimitada de información, incorporar recursos multimedia, actualizar contenidos y facilitar el trabajo colaborativo.
La cuestión no es elegir entre papel o pantalla, sino decidir cuál resulta más adecuado según el propósito de la lectura.
Si el objetivo es consultar un dato, buscar información o leer un texto breve, el formato digital puede ser perfectamente eficaz.
Pero cuando se trata de estudiar un capítulo complejo, analizar un artículo o preparar un examen, muchos especialistas siguen recomendando el papel siempre que sea posible.
Qué pueden hacer las familias y las escuelas
Más que enfrentar ambos formatos, la evidencia invita a enseñar a utilizarlos de manera estratégica.
Algunas recomendaciones son:
- Reservar el papel para lecturas extensas o de alta complejidad.
- Reducir las distracciones cuando se lee desde un dispositivo digital.
- Enseñar a subrayar, resumir y tomar notas, tanto en papel como en formato digital.
- Favorecer momentos de lectura sostenida, sin interrupciones.
- Elegir el soporte según el objetivo de aprendizaje.
El verdadero desafío es formar buenos lectores
Más allá del formato, la comprensión lectora depende de múltiples factores: el conocimiento previo, el vocabulario, la atención, la motivación y las estrategias que cada persona pone en juego al leer.
Por eso, el debate no debería centrarse en decidir si el papel es mejor que la pantalla, sino en cómo aprovechar las fortalezas de cada soporte para formar lectores capaces de comprender, analizar y reflexionar sobre lo que leen.
En un mundo cada vez más digital, enseñar a leer con profundidad —sin importar el formato— sigue siendo una de las habilidades más importantes que la escuela puede desarrollar.
¿Papel o pantalla? ¿Cuál conviene elegir?
📖 Elegí el papel cuando…
- Vas a estudiar un tema nuevo.
- El texto es largo o complejo.
- Necesitás recordar información con precisión.
- Querés minimizar las distracciones.
💻 Elegí la pantalla cuando…
- Buscás información puntual.
- Leés noticias o textos breves.
- Necesitás acceder rápidamente a distintos recursos.
- Vas a consultar materiales multimedia o interactivos.





