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La exclusión educativa crece en el mundo: 273 millones de niños y jóvenes están fuera de la escuela

El acceso a la educación enfrenta un retroceso sostenido a nivel global. Según el último informe de la UNESCO, la población infantil no escolarizada aumentó por séptimo año consecutivo y ya alcanza los 273 millones de niños, niñas y jóvenes. La cifra, lejos de estabilizarse, confirma una tendencia preocupante en un contexto atravesado por crisis, conflictos y restricciones presupuestarias.

El dato es contundente: uno de cada seis niños en edad escolar en el mundo está fuera del sistema educativo, mientras que apenas dos de cada tres logran completar la educación secundaria.

Un problema global que no deja de crecer

El Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo 2026 (GEM) advierte que el progreso en materia de escolarización se ha desacelerado en casi todas las regiones desde 2015. En particular, África subsahariana enfrenta un fuerte impacto del crecimiento demográfico, mientras que los conflictos y las crisis humanitarias agravan la exclusión educativa.

Se estima que alrededor del 17 % de la población infantil vive en zonas afectadas por conflictos, una realidad que no solo incrementa la cantidad de niños fuera de la escuela, sino que además dificulta su registro en estadísticas oficiales.

La situación es especialmente crítica en regiones como Medio Oriente, donde las tensiones actuales han provocado el cierre de numerosas escuelas, dejando a millones de estudiantes sin acceso al aula.

Avances que conviven con retrocesos

A pesar del panorama, el informe también muestra que el sistema educativo global ha experimentado mejoras significativas en las últimas décadas.

Desde el año 2000:

  • La matrícula en educación primaria y secundaria creció un 30 %
  • Más de 327 millones de estudiantes se incorporaron al sistema
  • Cada minuto, más de 25 niños y jóvenes acceden a la escuela
  • La finalización de la primaria pasó del 77 % al 88 %
  • La secundaria superior aumentó del 37 % al 61 %

Algunos países lograron avances notables. Madagascar y Togo redujeron drásticamente la no escolarización infantil, mientras que Marruecos y Vietnam lo hicieron en adolescentes. En tanto, Georgia y Türkiye registraron mejoras significativas en jóvenes.

Estos datos refuerzan una idea clave: el progreso es posible, pero depende en gran medida de las políticas nacionales y del contexto local.

Inclusión y financiamiento: avances insuficientes

El informe también destaca avances en materia de educación inclusiva. En los últimos 25 años, creció significativamente la cantidad de países con leyes que promueven la inclusión educativa, especialmente para estudiantes con discapacidad.

Sin embargo, la brecha entre la normativa y la implementación sigue siendo amplia. Solo el 8 % de los países aprovecha plenamente los mecanismos de financiamiento destinados a redistribuir recursos hacia las poblaciones más vulnerables.

Además, persisten barreras económicas que limitan el acceso real a la educación. Costos como transporte, alimentación o cuidado extraescolar continúan siendo determinantes para muchas familias.

A esto se suma un dato preocupante: la reducción de la financiación internacional pone en riesgo programas clave como los comedores escolares, presentes en el 84 % de los países.

No hay soluciones únicas

El informe de la UNESCO es claro: no existe una única política capaz de resolver la exclusión educativa. Las estrategias efectivas son aquellas que combinan múltiples enfoques y se adaptan a las realidades locales.

Algunos ejemplos concretos lo demuestran:

  • En países africanos, declarar la educación obligatoria y gratuita sumó más de un año de escolaridad
  • La electrificación en Camboya incrementó significativamente el tiempo de estudio
  • Los programas de alimentación escolar pueden añadir hasta medio año de aprendizaje
  • Las transferencias económicas a familias aumentan un 36 % la probabilidad de asistencia

Un desafío urgente hacia 2030 (y más allá)

Si bien el acceso a la educación ha mejorado en términos históricos, el ritmo actual no alcanza. De mantenerse esta tendencia, el mundo no logrará niveles altos de finalización de la educación secundaria hasta entrado el siglo XXII.

El mensaje es claro: ampliar el acceso ya no es suficiente. El desafío ahora es sostenerlo, hacerlo equitativo y garantizar trayectorias completas.

La educación sigue siendo, como pocas cosas, una inversión con retorno asegurado. El problema es que, hoy, millones de chicos ni siquiera pueden entrar al juego. Y ahí es donde el sistema global tiene su deuda más urgente.