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Cultura y educación: cómo acercar el arte a los chicos desde la escuela y el hogar

El contacto con el arte potencia el desarrollo cognitivo y emocional de los chicos. Por qué es clave en la educación y cómo la escuela y las familias pueden acercar la cultura de manera cotidiana y significativa.

Durante mucho tiempo, el arte ocupó un lugar secundario en la educación. Se lo pensó como un “complemento” o un recreo entre materias importantes. Hoy, esa mirada quedó desactualizada. La evidencia muestra que el contacto sostenido con la cultura y el arte impacta de forma directa en el desarrollo cognitivo, emocional y social de los chicos. No es un lujo ni un adorno curricular: es una herramienta formativa central.

Acercar el arte a la infancia no implica formar artistas profesionales. Implica formar personas sensibles, curiosas, críticas y capaces de expresarse. Y en esa tarea, escuela y hogar cumplen roles complementarios.


Por qué el arte es clave en la educación

El arte estimula áreas del cerebro vinculadas a la creatividad, la memoria, el lenguaje y la regulación emocional. A través de la música, la plástica, el teatro o la literatura, los chicos aprenden a interpretar el mundo, a narrar experiencias y a comprender otras miradas.

Además, el arte:

  • fortalece la autoestima;

  • mejora la concentración;

  • favorece la expresión emocional;

  • estimula el pensamiento crítico;

  • promueve la inclusión y la diversidad.

Un chico que tiene acceso al arte desarrolla recursos internos que impactan positivamente en todos los aprendizajes.


El rol de la escuela: garantizar el acceso cultural

La escuela es, para muchos chicos, la principal puerta de acceso a la cultura. Por eso, su responsabilidad es enorme. No alcanza con una clase semanal de educación artística si está desconectada del resto del proyecto pedagógico.

Las escuelas que integran el arte de manera potente:

  • trabajan proyectos interdisciplinarios;

  • articulan con museos, bibliotecas y espacios culturales;

  • invitan a artistas y gestores culturales;

  • promueven la producción, no solo la contemplación;

  • valoran los procesos, no solo los resultados.

Cuando el arte atraviesa la vida escolar, deja de ser una materia aislada y se convierte en lenguaje cotidiano.


Arte en el aula: más allá del “hacer manualidades”

Acercar el arte no es repetir consignas ni copiar modelos. Es habilitar experiencias. Escuchar música con atención, observar obras, debatir interpretaciones, crear sin miedo al error.

El foco está en:

  • experimentar con distintos materiales;

  • explorar lenguajes diversos;

  • expresar ideas propias;

  • compartir producciones;

  • reflexionar sobre lo creado.

El arte enseña algo fundamental: no hay una única respuesta correcta. Y eso, en educación, es un aprendizaje enorme.


El rol del hogar: naturalizar el contacto con la cultura

Las familias no necesitan ser expertas ni tener grandes recursos para acercar el arte. Lo importante es hacer lugar a la experiencia cultural en la vida cotidiana.

Algunas acciones simples:

  • leer cuentos, novelas o poesía juntos;

  • escuchar música variada y hablar sobre lo que transmite;

  • dibujar, pintar o modelar sin consignas rígidas;

  • visitar museos, ferias o espectáculos locales;

  • valorar las producciones de los chicos sin compararlas.

Cuando el arte se vive como algo cotidiano, deja de ser intimidante y se vuelve accesible.


Cultura, identidad y pertenencia

El arte también cumple un rol clave en la construcción de identidad. A través de la cultura, los chicos conocen su historia, sus tradiciones y las de otros. Esto favorece el respeto por la diversidad y el sentido de pertenencia.

La escuela y el hogar pueden:

  • acercar expresiones culturales locales;

  • trabajar artistas nacionales y regionales;

  • reconocer distintas formas de expresión;

  • promover el diálogo intercultural.

El acceso a la cultura no solo amplía el mundo: enseña a habitarlo con otros.


Tecnología y arte: una alianza posible

Las tecnologías digitales ofrecen nuevas formas de acceso y creación artística. Plataformas virtuales, museos online, aplicaciones de música y edición audiovisual amplían las posibilidades.

El desafío está en usarlas con criterio pedagógico: no como consumo pasivo, sino como herramientas de exploración, producción y reflexión.


El arte como derecho, no como extra

Acercar el arte a los chicos es una decisión educativa y política. No todos los hogares pueden garantizar ese acceso. Por eso, la escuela cumple un rol irremplazable.

Invertir tiempo y recursos en educación artística no distrae del aprendizaje académico: lo potencia. Porque un chico que puede expresarse, imaginar y crear, también puede comprender, analizar y aprender mejor.

En educación, el arte no es un lujo. Es una necesidad. Y cuanto antes se la asuma como tal, más rica será la experiencia educativa de nuestros chicos.