La presencia de teléfonos celulares en la infancia dejó de ser una excepción para convertirse en una realidad cotidiana. En Argentina, el 59% de los estudiantes de tercer grado de primaria (alrededor de 8 años) ya tiene un celular propio, mientras que otro 23% utiliza el dispositivo de algún integrante de la familia. En otras palabras, apenas dos de cada diez niños de esa edad no tienen acceso a un teléfono móvil.
Los datos pertenecen al informe “Celulares: ¿prohibir o no prohibir?”, elaborado por Argentinos por la Educación junto con especialistas del CONICET y la Universidad Torcuato Di Tella, a partir de los resultados del operativo Aprender 2024 y de una revisión de investigaciones internacionales sobre el uso de dispositivos móviles en el ámbito escolar.
El acceso a los celulares comienza cada vez más temprano
El informe muestra que el acceso a dispositivos móviles ya es muy alto desde los primeros años de la escuela primaria y aumenta aún más durante la adolescencia. En el nivel secundario, nueve de cada diez estudiantes cuentan con un celular propio.
Si bien la tendencia se observa en todo el país, existen diferencias entre provincias. Santa Cruz, Catamarca y Tierra del Fuego registran los niveles más altos de tenencia, con más del 65% de los alumnos de tercer grado que poseen un teléfono propio. En cambio, Misiones y Formosa presentan los porcentajes más bajos, cercanos al 40%.
También aparecen diferencias vinculadas al nivel socioeconómico. Entre los estudiantes de mayores ingresos, el 63% tiene un celular propio, mientras que esa cifra desciende al 52% en los sectores de menores recursos.
¿Prohibir los celulares mejora los aprendizajes?
La expansión del uso de celulares dentro y fuera de la escuela impulsó en numerosos países políticas destinadas a limitar su utilización durante la jornada escolar. Sin embargo, la pregunta sigue abierta: ¿estas restricciones realmente mejoran el aprendizaje?
La revisión de investigaciones internacionales ofrece una respuesta matizada.
Los estudios coinciden en que las restricciones logran disminuir significativamente el uso del celular durante las clases y reducen las distracciones dentro del aula. Cuando las normas son más estrictas y limitan el acceso al dispositivo durante toda la jornada escolar, el tiempo de uso disminuye de manera evidente.
Sin embargo, el impacto sobre el rendimiento académico resulta mucho menos claro.
Algunas investigaciones muestran mejoras moderadas, especialmente entre estudiantes con bajo desempeño o pertenecientes a contextos más vulnerables. Otras, en cambio, no encuentran diferencias significativas entre escuelas con prohibiciones estrictas y aquellas donde el uso está regulado de otra manera.
La evidencia tampoco es concluyente respecto del bienestar estudiantil. Mientras algunos trabajos registran una disminución de situaciones de acoso escolar, otros no detectan cambios relevantes en la convivencia.
Una tendencia que avanza en todo el mundo
La regulación del uso de celulares en las escuelas se ha convertido en uno de los principales debates educativos a nivel internacional.
Según datos de UNESCO, menos de una cuarta parte de los países contaba con restricciones formales en 2023. Para 2026, esa proporción ya ronda el 60%.
No obstante, los modelos son diversos.
Algunos países, como Francia, Países Bajos y Chile, establecieron restricciones generales para el uso de teléfonos en las escuelas. Otros, entre ellos Brasil, Finlandia y Dinamarca, permiten utilizarlos únicamente con fines pedagógicos y bajo la supervisión de los docentes.
También existen sistemas más flexibles, como el del Reino Unido, donde cada institución define sus propias normas de convivencia digital.
En casi todos los casos, las regulaciones son más estrictas en los niveles inicial y primario.
El panorama en Argentina
En nuestro país no existe una normativa nacional que regule el uso de celulares en las escuelas.
Actualmente, al menos once jurisdicciones avanzaron con leyes, resoluciones o protocolos propios, mientras que más de la mitad de las provincias aún no cuenta con un marco regulatorio específico.
Santa Fe, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Formosa aplican restricciones amplias en el nivel inicial y primario. La provincia de Buenos Aires limita el uso en el nivel secundario, mientras que Mendoza permite los dispositivos únicamente cuando forman parte de una propuesta pedagógica supervisada por el docente.
Otras provincias, como Salta y Tucumán, otorgan mayor autonomía a las instituciones educativas para definir sus propios criterios.
El desafío no es solo prohibir
Los especialistas coinciden en que el debate no debería reducirse a una decisión binaria entre permitir o prohibir los celulares.
Andrea Goldin, investigadora del CONICET y una de las autoras del informe, sostiene que la evidencia disponible todavía no demuestra de manera concluyente que las prohibiciones modifiquen los hábitos digitales de los estudiantes. En cambio, considera que la escuela tiene la oportunidad de enseñar un uso crítico y responsable de las tecnologías, integrándolas con objetivos pedagógicos claros.
En una línea similar, otros expertos advierten que el problema excede el ámbito escolar y se relaciona con la salud mental, la educación digital y el acompañamiento familiar.
También ponen el foco en la creciente naturalización del acceso temprano a los teléfonos inteligentes y recuerdan que la infancia necesita espacios para el juego, la interacción social, el movimiento y el desarrollo de la autonomía, aspectos que no pueden quedar relegados frente al tiempo de pantalla.
Educar para el uso responsable
Más allá de las distintas regulaciones, el consenso entre especialistas parece orientarse hacia una misma dirección: la tecnología forma parte de la vida cotidiana y la escuela no puede ignorarla.
El desafío consiste en construir acuerdos entre docentes, familias y estudiantes para promover un uso responsable de los dispositivos, establecer límites claros y aprovechar su potencial educativo sin perder de vista que el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral de los niños siguen siendo el objetivo principal de la escuela.





